Diciembre es junto a agosto el mes en el que el tráfico de pasajeros por aire es más intenso en los países occidentales. Las personas aprovechan estos días para tomarse un asueto y reencontrarse con sus familiares, quienes a menudo viven en otras latitudes.
Aún hoy en día trasladarse en avión -de cualquier tipo y tamaño- es infinitamente más seguro que hacerlo en carro. No obstante, creemos con Gavin de Becker que la percepción en cuanto a la experiencia de esta modalidad de transporte fue modificada en forma radical por los atentados del 11 de septiembre y las medidas adoptadas posteriormente por el gobierno estadounidense, que afectan tanto a las líneas locales como a todas aquellas que tengan rutas desde o hacia esa nación.
Otra medida para reducir el riesgo, especialmente si se visita lugares donde predomina la pobreza, es tratar de llamar la atención lo menos posible mediante el uso de vestimentas modestas y exhibiendo la menor cantidad de signos exteriores de riqueza. Partamos del principio según el cual el ladrón quiere obtener la mayor ganancia con el menor esfuerzo. Si nuestra apariencia arroja dudas en cuanto a la cantidad de bienes que podamos llevar, el atacante escogerá a otra víctima.
Los niños pueden ser un dolor de cabeza. Ellos deben ser instruidos antes de salir y de la manera más clara posible en torno a la conducta que deben mostrar durante el viaje. Bajo ningún respecto deben ser dejados al garete. Los cuidados deben redoblarse en las zonas de tránsito donde pueden perderse entre un mar de gente.
Finalmente, y como las normas migratorias pueden variar de un lugar a otro, es conveniente que el viajero elabore una lista de los requisitos exigidos en todos los países a visitar, incluidos aquellos en los que se hará solamente una escala. Esto ahorrará horas de cola y molestias en lo que deben ser momentos de placer.